domingo, 13 de diciembre de 2015

Soledades 3

Desde la terraza del café miro trémulamente hacia la vida. Poco veo de ella -el bullicio- en esta concentración suya en esta plazuela nítida y mía. Un marasmo como un comienzo de borrachera me elucida el alma de cosas. Transcurre fuera de mí en los pasos de los que pasan [...] la vida evidente y unánime.
Fernando Pessoa


Océano
Noite
Pessoa Elemesmo
Mañana
O Rei do frango
Espera
Silencio
Navidad

Lisboa. Diciembre 2015.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Soledades (2)

Entre las muchas formas de combatir la nada, una de las mejores es hacer fotografías.


Julio Cortázar

Pescador. Asturias.
Final del verano. Playa de Patos. Nigrán. Vigo
Mirando al mar. Barceloneta.
Esquelas. Barceloneta.
Vigilantes de la Certosa de Nápoles.
Esperando un milagro. Nápoles.
Otoño. Bilbao.
Estación de metro. Barcelona. 
Fin de curso. Vigo.
El suicidio de Pinocho. Guggenheim. NYC.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Soledades (1)

Al contrario de lo que se acostumbra a decir, creo que la fotografía se parece más a la literatura que a la pintura. Francesc Català-Roca
Hombre anuncio. Avenida de las Americas. NYC.
Ex Marine del ejército americano. 5ª Avenida. NYC.
Vigilante del ferry a Staten Island. NYC.
Mickey Mouse preparándose para salir a Times Square. NYC.
Mujer esperando el metro. Línea 7. Queens. NYC.
Graffiti. Williamsburg. NYC.
Vigilante del MOMA PS1. Queens. NYC.
Hombre. Conney Island. NYC.
Niño asomado al vacío. Monumento 11S. NYC.
Gran Central Station. NYC.
Músico callejero. HighLine. Meatpaking District. NYC.


domingo, 21 de junio de 2015

Espacio


La versión en prosa de Espacio, aparece fechada en Puerto Rico en 1954. Para gran parte de la crítica, supone la culminación del universo poético de Juan Ramón Jimenez. Se ha hablado de la prosificación de su poesía, del autobiografismo, de la indagación en el tiempo y de la conciencia de su "yo" capaz de vencer a la muerte.
Juan Ramón dijo de esta obra: 
"Mi monólogo es la ocurrencia permanente desechada por falta de tiempo y lugar durante todo el día, una conciencia vijilante y separadora al marjen de la voluntad de elección. Es una verdadera fuga, una rapsodia constante, como los escapes hacia arriba de los fuegos de colores, de enjambres de luces, de glóbulos de sangre con música bajo los párpados del niño en el entresueño. Mi monólogo estuvo hecho siempre de universos desgranados, una nebulosa distinguida ya; con una ideolojía caótica sensitiva, universos, universos, universos. No conozco universo como aquel poema de universos".


A mí siempre me ha parecido delicioso este diálogo con las cosas. Este campo amarillo de la infancia que pasa por debajo de los puentes de New York:
"Y para recordar por qué he vivido", vengo a ti río Hudson de mi mar. "Dulce como esta luz era el amor...Y por debajo de Washsington Bridge (el puente más con más de esta New York) pasa el campo amarillo de mi infancia". Infancia, niño vuelvo a ser y soy, perdido, tan mayor, en lo más grande. Leyenda inesperada:"dulce como la luz es el amor", y esta New York es igual que Moguer, es igual que Sevilla y que Madrid. Puede el viento, en la esquina de Broadway, como en la Esquina de las Pulmonías de mi calle Rascón, conmigo; y tengo abierta la puerta donde vivo, con sol dentro. "Dulce como este sol era el amor".
(...)
"Y por debajo de Washington Bridge, el puente más amigo de New York, corre el campo dorado de mi infancia..." Bajé lleno a la calle, me abrió el viento la ropa, el corazón, vi caras buenas. En el jardín de St. John Devine, los chopos verdes eran de Madrid; hablé con un perro y un gato en español; y los niños del coro, lengua eterna, igual del paraíso y de la luna, cantaban, con campanas de San Juan, en el rayo de sol derecho, vivo, donde el cielo flotaba hecho armonía violeta y oro, iris ideal que bajaba y subía, que bajaba... "Dulce como este sol era el amor".
Espacio. (Fragmento segundo). Juan Ramón Jiménez

martes, 16 de junio de 2015

Caníbales y Figuracce


Niccolò Ammaniti

La vita, in fondo, non è che uno slalom tra figure di merda.

La editorial Einaudi publica en 1996 una antología de relatos a cargo de Danielle Brolli que, bajo el título de Gioventù Cannibale (Juventud Caníbal), aglutina a un grupo de desconocidos y prometedores narradores italianos. Para la mayoría de ellos, procedentes de los circuitos undreground, la publicación supuso darse a conocer en un ámbito literario más amplio y, por así decir, más formal. El volumen reúne historias de terror, sangrientas las más de las veces, de una violencia extrema o disparatada que bebe directamente de las fuentes del pulp o de autores como Stephen King.
A pesar de las críticas, la antología acabó siendo una especie de hecho generacional que anticipaba una nueva forma de narrar, una nueva forma de colocar referentes culturales provenientes del mundo del cine, la televisión, la música o el cómic y, en definitiva, una nueva forma de relacionarse con la realidad. En palabras de Daniele Luttazzi, uno de los incluidos en el libro: Fue una antología profética: intelectuales como Mauri y Guglielmi la criticaron porque según ellos contenía una narrativa alejada de la realidad italiana. Después de algunos meses, Italia conocía los casos del monstruo de Florencia, del asesino en serie de Liguria, de Erika y Omar, de la secta satánica de Lombardía, etc. Los artistas tienen antenas y perciben con anticipación aquello que está por llegar.
La antología se reeditó en el 2006 cuando las carreras de los once ‘jóvenes caníbales’ habían tomado ya diversos caminos. (Leer más)

domingo, 24 de mayo de 2015

Vinicio




Sicilia 2013. En la pequeña población de Mascalucia, muy cerquita del Etna, Vinicio Capposela y La Banda de la Posta anuncian un concierto. Es una noche de agosto, en un teatro al aire libre que se va llenando poco a poco. Vinicio Capossela ejerce de maestro de ceremonias: traje blanco, sombrero de ala ancha, barba de rabino y sonrisa pícara. Sobre el escenario esperan varios instrumentos y un ramillete de ancianos. El nombre de la Banda, como explica Capossela, deriva de un tiempo en el que los salarios llegaban a la oficina de Correos (Posta) y los  trabajadores se sentaban en la puerta a esperar. Era habitual que música y canciones acompañasen la demora del  servicio postal. Esas improvisadas bandas también eran requeridas para animar cualquier evento que formase parte de la vida social de la época como los nacimientos o las bodas (sposalizi).
Hecho el preámbulo y presentados los músicos, arranca la polka. Durante varias horas y con ritmo frenético se van sucediendo las mazurcas, valses, pasodobles, tangos. El de más edad de la Banda, un viejecito casi centenario, menudo y vivaracho, anima la velada: Ogni cavaliere si gioca la sua dama!, Cerchio!, Changé la dame!... Y a esas alturas de la noche, ni que decir tiene que las gradas están vacías y el foso del teatro se ha convertido en una vorágine de giros, vuelos y cuerpos que se rozan, se cruzan, se tocan, se abrazan y separan bajo las órdenes de Giuseppe Galgano, detto Tottacreta. Sin esta descripción de un concierto de Capossela, del que fui testigo y partícipe en una calurosa noche de verano, sería difícil comprender el aire que destila Il paese dei coppoloni, cuarto trabajo literario del artista. 

 Aquí podéis seguir leyendo: CLIC


viernes, 15 de mayo de 2015

Vilas 3


Lisboa [Foto: Lulafortune]
EL POETA DE CINCUENTA AÑOS

No sabes cómo has alcanzado a vivir cincuenta años,
la gente como tú siempre se marcha con veintiocho o treinta,
o treinta y cinco o como mucho cuarenta y uno en el mejor
de los casos,
no por romántico, ni por destino heroico, ni nada de eso,
dios santo, esas palabras casi me enferman;
nada de eso nunca, por favor, por favor, mil veces por favor,
sino por defecto de fabricación, por falta de inteligencia en
todo caso.
Defecto de fábrica, eso es todo: malos órganos,
neuronas atrofiadas, sangre vaga, debilidad mental,
pensamientos errados, equivocaciones, errores vulgares,
un excedente de chapuzas en el cuerpo y en el alma.

Bueno, eras un buen madrugador; tenías un estupendo
despertador.
Ir a trabajar y madrugar orienta en la vida.

La gente te habla de libros ahora; justo ahora
cuando ya no te importan los libros,
¿a quién con cincuenta años puede importarle los libros
sino a los grandes beneficiados por los libros?

No, queridos, no me habléis de libros.

Habladme de quienes los escribieron desde la miseria.

Me importa, sí, la miseria, la humillación, el desprecio, el
insulto,
el silencio, el hundimiento de quienes escribieron
esos libros de los que me habláis ahora
con tanto entusiasmo, en una fiesta literaria de verano,
con exquisita comida,
con una excelente terraza frente al mar,
con champán y vinos caros,
con gente sonriendo, con gente muy feliz,
con mujeres muy guapas y muy jóvenes y chicos atléticos.

Me importa el amor,
eso sí me importa;
el amor eternamente
no correspondido,
eso fue para mí la poesía.

Manuel Vilas. El Hundimiento.

lunes, 4 de mayo de 2015

Vilas 2

Lisboa


REDENCIÓN
Dime una palabra amable antes de que termine el día.

Me dijiste "cariño, tienes que ser fuerte, no puedes
depender de esa gente, estás muy  cansado,
olvídalos, ayúdame a recoger el lavavajillas",
y yo miraba la noche de octubre con sus estrellas
entrar en nuestra casa, iluminar nuestros cuerpos,
vaciar nuestras almas, y tú dijiste "cena algo,
hay un poco de arroz en el horno, cena algo, cariño,
come algo, y olvídate de todas esas ideas absurdas
sobre el odio y el fracaso, ese arroz está divino".

Dime una palabra amable antes de que termine el día.

Manuel Vilas. El Hundimiento.

miércoles, 22 de abril de 2015

Mare Nostro

Ría de Vigo, islas Cíes al fondo
El escritor Erri de Luca (Nápoles 1950) escribió esta oración laica hace tan sólo dos días. Cientos de personas acababan de perder la vida precisamente al intentar salvarla. Huían de sus países en guerra, huían del hambre y de la enfermedad, huían de la oscuridad de un futuro inexistente. Nosotros, como siempre, miramos hacia otro lado.


Mar nuestro que no estás en los cielos
y abrazas los límites de la isla
y del mundo con tu sal,
bendita sea tu profundidad.
Acoge las repletas embarcaciones
sin una senda sobre tus ondas,
a los pescadores que salen en la noche,
a sus redes entre tus criaturas
que regresan por la mañana con la pesca
de los náufragos salvados.

Mar nuestro que no estás en los cielos
al alba eres color de trigo,
al atardecer de uva y de vendimia.
Te hemos sembrado de más ahogados
que cualquier otra edad de tempestades.

Mar nuestro que no estás en los cielos,
eres más justo que la tierra firme
incluso cuando elevas olas como murallas
y después las bajas hasta la orilla.
Custodia las vidas, las visitas,
como hojas sobre el camino;
haz de otoño para ellos,
de caricia, de abrazo, de beso en la frente,
de madre, de padre antes de partir.



Erri De Luca, Piazzapulita 20 aprile 2015
[Traducción: Lula Fortune]

domingo, 12 de abril de 2015

Vilas 1

Costa da Morte. (Foto: Lulafortune)

Brutal debería escribirse con uve de Vilas.
Fragmento de The Holy Who, perteneciente al poemario El Hundimiento de Manuel Vilas, premio Generación del 27 de este año:

De adolescentes escuchábamos a los Who, noches de inexperiencia hasta la madrugada azul en bares pobres de los pueblos de España, en los años setenta, intentando vivir, intentando perder la virginidad, era lo que nos habían dicho.

Solo amábamaos a los Who y eso era suficiente, eso era el Todo ¿os acordáis? Eran los reyes de la vida legendaria; nuestros héroes, la versión mil millones de veces mejorada de nosotros mismos.
Keith Moon se murió muy pronto. Pasados los años, me he preguntado si Daltrey y Townshend y Entwistle lo lloraron lo suficiente.

Hay que llorar siempre, y mucho, un vasto torrente de lágrimas, cuando muere alguien como Keith Moon. Yo me habría pasado mil años llorando.
¿Llorásteis lo suficiente, hijos de puta? Treinta y dos pastillas de Clometiazol en su estómago, solo seis disueltas, con solo seis bastaba, las otras ventiséis intactas. Todo un hundimiento premeditado, qué bien.

(...)

Y el último, ¿qué sentirá el último? 
¿Estaréis a la altura del adiós?
(...)
Nada vale en la vida sino es eso: estar a la altura dorada del adiós, el gran adiós que conmueve a las estrellas, al cielo, al mar, a la luna, al desierto y a todas las ciudades de la tierra y al futuro de esas ciudades, al futuro de todos, al futuro de millones de adolescentes que viven en la pobreza, en la miseria, en la nada, que oyeron y vieron en vosotros la esperanza de una vida dsitinta.

(...)

Somos los Reyes de la Santa Tierra.
Somos los Who, tío.
Somos todo lo que existe.
Nosotros sí somos el Aleph y no Jorge Luis Borges.
La gente follaba con nuestras canciones.
La gente se despedía de sus trabajos asquerosos con nuestra música.
La gente se drogaba con nuestros gritos.
La gente se casaba con nuestro poder.
La gente se divorciaba con nuestras letras.
La gente podía morir con nuestras guitarras.
Nosotros quemamos el corazón de todos los jóvenes del Universo.
Haz tú eso, Borges, si sabes.
Nadie follaba leyendo un cuento tuyo.
Y si la gente no folla con lo que haces, dime, hermano, dime qué estás haciendo sino el vago.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Monstruos


Venía un airecillo cortante desde el este. Para evitarlo, dejó a un lado la cuesta de Atocha con toda su apertura desabrida y se metió por las callejas más retorcidas y resguardadas de la izquierda. Estaban casi vacías. Siguió andando por ellas, acercándose sin prisa, dando rodeos, a la zona de los grandes hoteles. Por allí había vivido Cervantes -¿o fue Lope?- o más bien los dos. Sí; por allí, por aquellas calles que habían conservado tan limpiamente su aspecto provinciano, como un quiste dentro de una gran ciudad. Cervantes, Cervantes. ¿Puede realmente haber existido en semejante pueblo, en tal ciudad como ésta, en tales calles insignificantes y vulgares un hombre que tuviera esa visión de lo humano, esa creencia en la libertad, esa melancolía desengañada tan lejana de todo heroísmo como de toda exageración, de todo fanatismo como de toda certeza? ¿Puede haber respirado este aire tan excesivamente limpio y haber sido consciente como su obra indica de la naturaleza de la sociedad en la que se veía obligado a cobrar impuestos, matar turcos, perder manos, solicitar favores, poblar cárceles y escribir un libro que únicamente había de hacer reir? ¿Por qué hubo de hacer reir el hombre que más melancólicamente haya llevado una cabeza serena sobre unos hombros vencidos? ¿Qué es lo que realmente él quería hacer? ¿Renovar la forma de la novela, penetrar el alma mezquina de sus semejantes, burlarse del monstruoso país, ganar dinero, mucho dinero, más dinero para dejar de estar tan amargado como la recaudación de alcabalas puede amargar a un hombre? No es un hombre que pueda comprenderse a partir de la existencia con la que fue hecho.
Como el otro -el pintor caballero- fue siempre en contra de su oficio y hubiera querido quizás usar la pluma para hacer floripondiadas rúbricas al pie de letras de cambio contra bancas genovesas. ¿Qué es lo que ha querido decirnos el hombre que más sabía del hombre de su tiempo? ¿Qué significa que quien sabía que la locura no es sino la nada, el hueco, lo vacío, afirmara que solamente en la locura reposa el ser moral del hombre?
Tiempo de silencio. Luis Martín Santos

viernes, 13 de marzo de 2015

Territorios



Mi padre tiene las manos grandes. Cuando era pequeña podía sentir la superficie rugosa y amplia  que me envolvía al cruzar una calle o atravesar una multitud. Más que una mano, mi leve conciencia infantil comprendía que aquel tacto áspero pertenecía a un territorio. Un lugar blindado a la maldad, un paisaje propicio donde siempre me reconocía, donde siempre me sentía a salvo.

La pasada nochebuena le di la cena en el hospital. Sus manos temblorosas apenas podían sostener la cuchara. Varios meses de enfermedad lo habían absorbido por dentro y por fuera dejando en su lugar una especie de pájaro desplumado que no acababa de comprender qué hacía allí. A pesar de eso, me sentí feliz. Mis manos no son tan grandes como las suyas, pero en aquellos momentos pensé que ambos volvíamos al territorio amarillo de la infancia.
Después, lentamente, su cuerpo y su mente han ido recuperando parcelas de la realidad. En las últimas semanas, me pedía que le encendiera la televisión antes de marcharme, para ver "el parte". Al día siguiente, con una furia inocente, despotricaba contra el gobierno y me hacía reír con sus planes incendiarios.


El domingo pasado estuve con él  paseando por el jardín del hospital. Camina titubeante, con pasitos cortos y a partir de ahora necesitará bastón, pues algunas veces pierde el equilibrio. Tuvimos que sentarnos a descansar un rato en un banco, debajo de una mimosa exuberante. Me fijé en sus deportivas flamantes, recién compradas para la rehabilitación, en el chándal demasiado grande y en sus manos, más pequeñas ahora, más suaves y frágiles.
Hoy ha vuelto a casa y lo primero que ha pedido ha sido un plato enorme de patatas fritas.

A veces me da por pensar que estos meses de agonía, cuando no era más que un cuerpo inerte lleno de tubos, fueron una especie de despedida anticipada. Un entrenamiento para el definitivo adiós, cuando se irá, no en medio de una hecatombe de lágrimas, sino como un pajarillo que se repliega sobre sí mismo, en silencio, sin que nos demos cuenta.

Estoy segura de que entonces no querrá que lo acompañe a ese nuevo territorio, pero ahora -no sé ni quiero saber por cuánto tiempo- ha vuelto a casa.

jueves, 12 de marzo de 2015

Beat Attitude


Hetti Jones (izda) NYC 1960

Así que jóvenes mujeres
he aquí el dilema
en él la solución:
siempre he sido a la vez
tan mujer como para derramar lágrimas de emoción
y tan hombre
como para conducir mi coche en cualquier dirección.
Hettie Jones



Denise Levertov

Este es el año en que los viejos,
los grandes viejos,
nos dejan solos en el camino.
El camino conduce al mar.
En los bolsillos tenemos palabras,
instrucciones oscuras. Los viejos
se llevaron la luz de su presencia,
la vemos alejarse por la ladera
de una montaña.
No están muriéndose,
se han retirado
en dolorosa intimidad
aprendiendo a vivir sin las palabras.
(...)
Nos dijeron
que el camino conduce al mar,
y pusieron el lenguaje
en nuestras manos.
Pero sólo oímos
nuestros pasos cada vez que un camión
nos encandila y pasa
dejándonos un nuevo silencio.
No se puede llegar
al mar por esta ruta
infinita, a no ser que haya
una curva al final, parece
perseguir al búho que sobre ella planea
silencioso y oblicuo, adelante y atrás,
lejos, hacia lo profundo del bosque.
Pero el camino se desenrolla
para nosotros, que contamos
palabras en los bolsillos, preguntándonos
cómo va a ser sin ellos, no detenemos
la marcha, sabemos que
queda lejos, y algunas noches
nos parece que el viento trae
un olor a mar...

Septiembre 1961
Denise Levertov

Lenore Kandel


no hay formas de amar pero / hermoso
te amo en todas 

te amo / tu polla en mi mano
se agita como un pájaro
entre mis dedos
te hinchas y endureces
con tu fuerza rígida
eres hermoso / eres hermoso
eres cien veces hermoso
te acaricio con mis manos llenas de amor                         
uñas rosas dedos largos
te acaricio
las yemas de mis dedos... las palmas de mis manos...tu polla se alza y palpita entre mis manos
una revelación / como antaño conociera Afrodita


            hubo un tiempo en que los dioses eran más puros
/ me acuerdo de noches entre la madreselva
nuestros jugos más dulces que la miel
éramos el templo y el dios entero/


estoy desnuda contra ti
y muevo mi boca          despacio
anhelo besarte
y mi lengua te alaba
eres hermoso


tu cuerpo se mueve hacia mí
carne contra carne
piel que se desliza sobre piel dorada
como la mía sobre ti
mi boca         mi lengua           mis manos
mi vientre y mis piernas
contra tu boca tu amor
se desliza... se desliza...nuestros cuerpos se balancean unidos
insoportables


tu cara sobre mí
es la cara de todos los dioses
y demonios hermosos
tus ojos...

                 el amor toca el amor
                 el templo y el dios                   
son uno
Lenore Kandel


Beat Attitude. Antología de mujeres poetas de la generación beat. 
Traducción y prólogo Annalisa Marí Pegrum

miércoles, 18 de febrero de 2015

Virginia




Os he dicho durante el transcurso de esta conferencia que Shakespeare tenía una hermana; pero no busquéis su nombre en la vida del poeta escrita por Sir Sydney Lee. Murió joven... y, ay, jamás escribió una palabra. Se halla enterrada en un lugar donde ahora paran los autobuses, frente al «Elephant and Castle». Ahora bien, yo creo que esta poetisa que jamás escribió una palabra y se halla enterrada en esta encrucijada vive todavía. Vive en vosotras y en mí, y en muchas otras mujeres que no están aquí esta noche porque están lavando los platos y poniendo a los niños en la cama. Pero vive; porque los grandes poetas no mueren; son presencias continuas; sólo necesitan la oportunidad de andar entre nosotros hechos carne. Esta oportunidad, creo yo, pronto tendréis el poder de ofrecérsela a esta poetisa. Porque yo creo que si vivimos aproximadamente otro siglo —me refiero a la vida común, que es la vida verdadera, no a las pequeñas vidas separadas que vivimos como individuos— y si cada una de nosotras tiene quinientas libras al año y una habitación propia; si nos hemos acostumbrado a la libertad y tenemos el valor de escribir exactamente lo que pensamos; si nos evadimos un poco de la sala de estar común y vemos a los seres humanos no siempre desde el punto de vista de su relación entre ellos, sino de su relación con la realidad; si además vemos el cielo, y los árboles, o lo que sea, en sí mismos; si tratamos de ver más allá del coco de Milton, porque ningún humano debería limitar su visión; si nos enfrentamos con el hecho, porque es un hecho, de que no tenemos ningún brazo al que aferrarnos, sino que estamos solas, y de que estamos relacionadas con el mundo de la realidad y no sólo con el mundo de los hombres y las mujeres, entonces, llegará la oportunidad y la poetisa muerta que fue la hermana de Shakespeare recobrará el cuerpo del que tan a menudo se ha despojado. Extrayendo su vida de las vidas de las desconocidas que fueron sus antepasadas, como su hermano hizo antes que ella, nacerá. En cuanto a que venga si nosotras no nos preparamos, no nos esforzamos, si no estamos decididas a que, cuando haya vuelto a nacer, pueda vivir y escribir su poesía, esto no lo podemos esperar, porque es imposible. Pero yo sostengo que vendrá si trabajamos por ella, y que hacer este trabajo, aun en la pobreza y la oscuridad, merece la pena. 

Una habitación propia. Virginia Woolf

domingo, 18 de enero de 2015

Cécile

A ese sentimiento desconocido cuyo tedio, cuya dulzura me obsesionan, dudo en darle el nombre, el hermoso y grave nombre de tristeza. Es un sentimiento tan total, tan egoísta, que casi me produce vergüenza, cuando la tristeza siempre me ha parecido honrosa. No la conocía, tan solo el tedio, el pesar, más raramente el remordimiento. Hoy, algo me envuelve como una seda, inquietante y dulce, separándome de los demás.
Françoise Sagan. Bonjour tristesse

miércoles, 7 de enero de 2015

Jaime

Jaime Gil de Biedma, 13 de noviembre 1929 - 8 de enero 1990.


PÍOS DESEOS PARA EMPEZAR EL AÑO
Pasada ya la cumbre de la vida,
justo del otro lado, yo contemplo
un paisaje no exento de belleza
en los días de sol, pero en invierno inhóspito.
Aquí sería dulce levantar la casa
que en otros climas no necesité,
aprendiendo a ser casto y a estar solo.
Un orden de vivir, es la sabiduría.
Y qué estremecimiento,
purificado, me recorrería
mientras que atiendo al mundo
de otro modo mejor, menos intenso,
y medito a las horas tranquilas de la noche,
cuando el tiempo convida a los estudios nobles,
el severo discurso de las ideologías
-o la advertencia de las constelaciones
en la bóveda azul…
Aunque el placer del pensamiento abstracto
es lo mismo que todos los placeres:
reino de juventud.

“Poemas póstumos” 1968

viernes, 2 de enero de 2015

LOLA


En la Navidad de 1952 Truman Capote recibió un extraño regalo: un cuervo. Le pareció espeluznante y feo pero no se atrevió a desairar a Graziella, la joven siciliana a la que le había alquilado la casa y autora de tan sorprendente obsequio. Poco a poco Lola -que así se bautizó al pajarraco- fue haciéndose con un hueco en la vivienda y en el afecto del escritor. Era apenas un polluelo cuando llegó a sus manos y no le resultó difícil acostumbrarse a vivir con los otros animales de la casa: un bulldog inglés y un foxterrier. Es más, Lola creció convencida de ser un perro, sin mostrar el más mínimo interés por volar, compartiendo la comida y durmiendo al lado de sus dos nuevos amigos. El invierno siguiente Truman regresó a Roma. En el asiento trasero de su descapotable viajaban las maletas y los dos perros; en su hombro, Lola. Hubiera sido conmovedor cruzarse con tan deliciosa estampa de la singularidad humana.
Instalados en via Margutta 33, Lola pronto descubrió los peligros de la gran ciudad en forma de felino taimado. El anciano señor Frioli, vecino de Truman, intentó en vano de prevenir de la fatalidad.
Este es final de la historia:

El signor Frioli sacudía la campanilla. Yo grité. El gato dio un salto, las uñas desenfundadas. Pero fue como si en el último momento Lola hubiese percibido el peligro. Saltó de la balaustrada y cayó hacia la calle (...).
-¡Lola! ¡Vuela, Lola vuela!
Las alas, aunque desplegadas, estaban inmóviles. Lenta, gravemente, como si llevara un paracaídas, fue deslizándose hacia abajo, cada vez más abajo.
En la calle vi pasar una furgoneta de reparto. Al principio pensé que Lola caería justo delante, lo que parecía bastante peligroso. Pero lo que ocurrió fue peor, resultó inaudito y terrible: aterrizó sobre unos sacos apilados en la parte de atrás de la furgoneta. Y se quedó allí. Y la furgoneta seguía su marcha: dobló la esquina y desapareció de Via Margutta. 
-¡Vuelve, Lola! ¡Lola! 
Corrí tras ella, resbalé al bajar los seis tramos de resbaladizos escalones de piedra; me pelé las rodillas; perdí las gafas (salieron volando y chocaron contra la pared). Al llegar a la calle, corrí hasta la esquina que acababa de doblar la furgoneta. A lo lejos, entre una bruma compuesta de miopía y lágrimas de dolor, vi la furgoneta detenerse en un semáforo. Pero antes de que pudiera alcanzarla, mucho antes, se puso verde, y la furgoneta se llevó a Lola, me la arrebató para siempre, perdiéndose entre el tráfico que se arremolinaba en la Piazza di Spagna (...).
Y todo ese tiempo el signor Frioli permaneció sentado en la ventana, esperando con una expresión de pesar y asombro. Cuando vio que había vuelto hizo sonar la campanilla para que yo saliera al balcón.
Le dije:
-Creía ser otra cosa.
Frunció el ceño.
-Un perro.
El ceño se hizo más pronunciado.
-Se ha ido.
Eso lo entendió. Bajó la cabeza. Yo también.
Lola (1964) Truman Capote